Cada pensamiento o energía negativa posee una vibración diferente. También cada cristal emite una vibración particular. La función de los distintos cristales entonces, es trabajar sobre la energía que está envolviendo al paciente o al centro de energía afectado en el cuerpo para devolver la armonía y el equilibrio natural. A modo de ejemplo ilustrativo, imaginemos las ondas emitidas por un electroencefalograma. Si la vibración natural correspondiera a una persona alterada variaría la forma de sus ondas en distintas formas que podríamos llamar inarmónicas. En este caso se busca un cristal que emita ondas iguales a las que emite el órgano o la zona afectada, (a veces incluso hasta la persona) en estado de equilibrio y se acerca al área bloqueada, enferma o alterada o simplemente a la persona.
Esto hace que el potencial armonizado que está dentro de cada uno comience a resurgir (lo que los chamanes llamaban conexión con su naturaleza Superior) y normalice poco a poco la vibración, hasta que la irregularidad se aleje del cuerpo y este recobre su unidad con el Todo.





